La evidencia de que fumar activamente incrementa el riesgo de sufrir enfermedades cardiovasculares es abrumadora. Asimismo, numerosos hallazgos epidemiológicos indican que la exposición pasiva al humo de cigarro incrementa 30% el riesgo de muerte debida a enfermedad cardiovascular, pues el buen funcionamiento de vasos sanguíneos puede ser afectado rápidamente por respirar aire contaminado con humo de cigarro, provocando problemas cardiovasculares agudos. Por ejemplo, dosis relativamente bajas de toxinas producidas por el humo de cigarro, inhaladas por el fumador pasivo, son suficientes para provocarle una disfunción endotelial aguda, efecto que puede ser relacionado, al menos en parte, por la inactivación de la síntesis del óxido nítrico, lo cual daña directamente a las células endoteliales y reduce tanto el número como la actividad funcional de células progenitoras endoteliales, ya que el óxido nítrico contribuye al buen funcionamiento de los vasos sanguíneos inhibiendo la contracción del músculo liso vascular y la agregación plaquetaria.
Las plaquetas de fumadores pasivos también son susceptibles de asociarse entre ellas mismas (agregarse)
con cada exposición al humo de cigarro, por lo que se incrementa el riesgo de trombosis y obstrucción de las arterias; el efecto vasoconstrictor de la nicotina ya se ha demostrado, lo que podría afectar el balance de oxígeno en el corazón.
Varios estudios han encontrado que sujetos no fumadores sometidos a una alta exposición de humo de cigarro tenían en el cabello cantidades de nicotina comparables a los fumadores activos.
Respirar aire contaminado con humo de cigarro puede no sólo disminuir la salud física; también podría afectar el comportamiento social, generando euforia; además se sabe que la exposición crónica a la nicotina provoca un fenómeno de adicción en personas con susceptibilidad.
Una persona que se cría entre fumadores sufre un daño que comienza siendo un feto y continúa a través de la niñez, al verse obligado a respirar aire contaminado por el humo del cigarro. Posteriormente, los jóvenes empiezan su consumo activo, entre otras razones, para identificarse con un grupo social; sin embargo, es necesario hacer un esfuerzo mayor para reeducar y concientizar a la población sobre el hecho de que sus hábitos tabáquicos no sólo perjudican su propia salud sino que también pueden dañar a sus seres queridos o a personas inocentes.s |
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